
A propósito de la crisis educacional en Chile y el movimiento estudiantil, he sostenido varias conversaciones con amigos, conocidos y desconocidos. Curiosamente, las más acaloradas han sido con personas que comparten buen parte de lo que pienso.
Respecto a la situación actual, hay distintos análisis; y en este caso incluso hay quienes se encuentran conformes con el estado actual de la educación y la sociedad chilena, mientras que otros creemos que aún estamos muy lejos de una sociedad madura, integrada, y con una mirada de justicia social y una idea de futuro delineada.
Dentro de quienes creemos que aún hay mucho por lo que luchar, hay quienes consideran que hay que radicalizar todavía más las medidas para lograr las reivindicaciones (en su gran mayoría justas) e incluso hay quienes están llamando a la desobediencia civil (eso sí, recalcando su carácter pacífico).
Por contraparte, yo sigo pensando que la lucha se debe dar no sólo de forma democrática (sin considerar que se pueden votar medidas ilegítimas) sino que tiene que buscarse cambios profundos, reales y con respeto del sistema legal y a la autoridad. Creo que los cambios que tienen un significado son aquellos que logran crear situaciones estables con energía y respeto… no creo en las revoluciones que buscan derrotar a la contraparte, y que justifican los medios por los fines que se persiguen. Sé que mi postura es impopular, que es extremadamente protectora de los Derechos; pero creo en la universalidad de los mismos, y que incluso los Derechos del adversario deben de ser no sólo respetados, sino que defendidos por todos.



