
Desde hace un tiempo tenía la intención de escribir una columna de opinión sobre la situación del movimiento estudiantil, dado que de seguro será un episodio que impacte fuertemente a mi generación, pero antes de entrar en detalles contextualicemos un poco… soy estudiante de Derecho en la UCN, me considero de centro-izquierda (aunque más rojo que la DC), adhiero a las demandas del movimiento y soy hijo de una docente de la Universidad de Antofagasta (así que en cierta forma vivo dos de las cuatro caras del problema), por su parte el movimiento estudiantil lleva cerca de 6 meses funcionando y luchando por una educación pública, gratuita y de calidad. Sin embargo, las negociaciones con el Gobierno de Sebastián Piñera están paralizadas y la mayoría de las Universidades tradicionales han retomado sus actividades o han cerrado el primer semestre, incluyendo las de la región, que para finalizar el primer semestre han optado por alternativas semi-presenciales, las que a los estudiantes nos han puesto entre la espada y la pared al obligarnos a aprehender una serie de contenidos no vistos en clases y rendir de 2 a 3 exámenes por semana, al menos en mi escuela es así.
Es así que la Vicerrectoría académica de la UCN fijó como fecha de cierre del primer semestre hoy (11/11/11 ) y un periodo de rectificación hasta la semana siguiente. Por su parte la Federación de Estudiantes convocó a un plebiscito triestamental, pero vinculante sólo para estudiantes, desde hoy al martes, en orden a determinar si se acepta o se rechaza la medida adoptada por la Universidad respecto al reinicio del segundo semestre (que se cerraría a comienzos de marzo). (continua tras el salto)
Retoma de la Universidad
No obstante lo anterior, hoy la Universidad ha sido retomada y la Federación ha justificado tal acción basándose en el apoyo otorgado por las asambleas de cada carrera a lo largo del movimiento y en una autodeterminación tomada en el momento en el que la primera toma fue desalojada. Como es de esperarse, considero que tal medida es ilegítima, puesto que vulnera los derechos de una persona (jurídica). Simplemente un grupo de personas decide voluntaria y organizadamente afectar los derechos de otra en fin de perseguir un bien mayor, y el fin nunca justifica los medios…
Al igual como lo he manifestado a propósito de la primera toma, no cualquier decisión se legitima por votación o plebiscito, así por muy útil que resulte matar a alguien, tal medida no se vuelve legítima porque la mayor parte de un colectivo estima que debe ser la medida a seguir.
Además, estamos en presencia de un movimiento social, que por su propia naturaleza es una manifestación e instrumento de un sector de la sociedad (los estudiantes) y por tanto se debe a sus intereses prácticos. Es cierto, que el movimiento se nutre de una visión de la vida, un proyecto o ideal país; pero tales ideales son un elemento que no forma parte del movimiento, lo nutre, nada más. Es por esto, que todo movimiento social como instrumento práctico debe defender los intereses de sus bases. De modo que, las decisiones tienen que basarse en la posibilidad razonable de obtener beneficios para el sector que representa, dado que es un instrumento, no una ideología. (Continúa tras el salto)
Análisis de aciertos y errores por cada bando
El Movimiento Estudiantil ha tenido dos grandes aciertos, el primero de ellos es identificar las causas de los problemas en la educación chilena, lo que en adelante llamaremos “el diagnóstico“; y por otra ha puesto el problema como foco del debate nacional. Sin embargo, ha errado al confundir el diagnóstico con la solución a la vez que ha olvidado quien su interlocutor: un Gobierno inexperto, de derecha, intransigente, manipulador y mentiroso (las declaraciones de Piñera en Boston y en la ONU son una vergüenza). Además, el movimiento ha olvidado que la política es un arte de acción y contracción, y que hay momentos para expandirse y otros para contraerse .
Por su parte la FEUCN, ha cometido un serio error al retomar la Universidad habiendo llamado a plebiscito, esa medida nos divide e incluso hace dudar de la real capacidad para llevar a cabo una votación (que a mi juicio no debería determinar lo que se hace, sino medir los intereses de las bases y asegurar la representatividad).
Por su parte el Gobierno, no ha estado a la altura de la situación, ha intentado sin éxito minimizar la situación y ha criminalizado al movimiento; pero ha sabido dilatar el proceso para lograr un debilitamiento en el movimiento por cansancio. Ha actuado cobardemente, utilizando el aparato estatal para reprimir e incluso maltratar a Estudiantes (cuestión que llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos). siendo sincero creo que lo único que ha hecho “bien” es dilatar y dividir.
El Consejo de rectores, da la impresión que ha apoyado al movimiento sólo por conveniencia, se ha mantenido al margen actuando sólo cuando ve posible un beneficio; y se ha preocupado más por una estabilidad institucional que por el bienestar de la comunidad educacional. Le han faltado pantalones para mostrar una postura clara y decidida, lo que en parte puede explicarse por la heterogeneidad de condiciones entre sus miembros. Lo triste, es que de los rectores es de quienes más debería esperarse, son ellos los que tienen la experiencia y el conocimiento de la relación con el gobierno y la sociedad.
Los partidos políticos, así como el gobierno no ha estado a la altura, la oposición ha brillado por su ausencia; quizás porque al igual que la Iglesia, tiene intereses comprometidos. Sólo últimamente se le ha visto algo más activo a propósito de la discusión de la cartera de educación en la Ley de presupuesto nacional, pero sencillamente han pecado por inacción.
Los costos del movimiento
Las Universidades no sólo han terminado con pérdidas y destrozos causados por inescrupulosos y la acción a las FFEE de Carabineros, sino que hay proyectos perdidos por falta de continuidad, laboratorios cuyos reactivos e insumos han expirado, costos institucionales, procesos de acreditación retrasados, ruptura de confianzas con el alumnado e incluso pérdida de docentes y falta de recursos ante el desfase en el pago por parte de los estudiantes. Todo esto afecta en mayor o menor medida a cada plantel universitario y probablemente olvide varios puntos.
La sociedad, ha visto dañada en las protestas por la acción de encapuchados, carabineros infiltrados y el cierre de locales comerciales para evitar mayores daños. sin embargo, el costo más preocupan están dados por la ruptura de confianzas, el descrédito a las autoridades, la incertidumbre sobre el futuro educacional de sus hijos, y la merma en la calidad de profesionales (aunque no soy tan fatalista en este punto).
Los estudiantes, Como estudiantes nos ha tocado sufrir drante meses las movilizaciones, personalmente he participado mayormente en forma indirecta, ayudando con un par de informes para plenos, mandando cartas, votando y yendo sólo a dos marchas (las hay prácticamente cada semana). También me ha tocado asumir costos económicos (me dolió perder enero que económicamente es mi mejor mes), he visto frustrado planes de viajes y proyectos dentro y fuera de la Universidad.
Del mismo modo, me han tocado noches de alta tensión, estudiando bajo presión y de cabeza en condiciones lejanas a las ideales, con incertidumbre de lo que ocurrirá… si mezclas poco tiempo, falta de clases, profesores algo molestos, instituciones que no funcionan e incertidumbre… no tienes un buen resultado… eso sí la movilización es del estudiantado, no podemos pretender que no tenga costos… dilatar la vuelta al segundo semestre no implica que luego será en mejores condiciones, probablemente sea aún peor que lo que nos ofrecen ahora. Además, no podemos pretender que no se realice el semestre por los daños institucionales que eso provocaría a nuestra propia casa de estudios. no busquemos una victoria pírrica…
Un punto que suele olvidarse en el análisis es lo que sufren los funcionarios y académicos, algunos ya han perdido su puesto de trabajo, otros han visto dilatados sus pagos e incluso recortados (como mi madre, que es el sustento familiar) hay quienes han tenido que perdir préstamos en condiciones poco favorables e incluso han visto peligrar su salud por falta de cobertura de los sistemas de previsión y bienestar.
Muchos profesores han visto incrementada su carga laboral, teniendo que armar y reamar programas de recalendarización, revisando pruebas, armando pruebas y modalidades inusuales, asistiendo a reuniones en las que poco se aclara el panorama, a la vez que reciben presión por parte de las jefaturas y el alumnado… sin contar que en el intertanto están viviendo problemas económicos y en el caso de los profesores-hora, muchas veces ni siquiera tienen la información de parte de la Universidad.
Recuperando la esperanza perdida
Finalmente no quiero dejar de plantear que si bien la batalla por algo que es justo y nos beneficia como país, está en un punto crítico. Aún no se han producido daños que en el largo plazo (10-15 años) no puedan recuperarse, los periodos de crisis sacan lo mejor y lo peor de cada uno.
Aún la ley de presupuesto no se ha aprobado (aunque ya está prácticamente cocinada…) y el tema ha quedado inserto en el debate nacional.. sólo en la medida que como miembros, grupos y sectores de la sociedad recordemos que el objetivo subyacente de todos es el mismo, y que sólo diferimos en la ruta ha seguir, es que se puede lograr algo positivo de todo esto… aunque probablemente en el periodo de este Gobierno tengamos sólo soluciones parches, victorias parciales y mucho desazón.
Admiro a quienes se han sacrificado por el movimiento, a quienes se han sacado la cresta buscando soluciones y a los profesores que lejos de atacar al alumnado han trabajado por encontrar las vías de salida y evitación de daños; pero no olvidemos que estamos trabajando por un bien común, en el que muchas veces toca contraerse al justo para conseguir los fines que se persiguen, puesto que se busca con-vencer y no destrozar al adversario.
